Un lienzo blanco transportado en un prado enmarca ramas, troncos y sombras construyendo azarosas figuras en el video de Juan Sorrentino; mientras que en el de Leandro Yadanza, un joven barre reproducciones pintadas de basura en "Trash". Dos ancianas hermanas sentadas en la cama de un oscuro y antiguo cuarto en Constitución miran atentamente a la cámara cuando esta las retrata, en tanto que Federico Zukerfeld colecciona tarjetas institucionales de museos, diarios y galerías en su obra titulada "Contactos".
El primer salón del Premio Itaú Cultural, que puede verse en el Centro Virla, permite observar de cerca las preocupaciones del arte contemporáneo y de qué manera un grupo numeroso de artistas -por medio de la fotografía y del video, principalmente- expresa sus relaciones con el sistema de circulación de las obras, se interroga sobre la naturaleza del arte, propone respuestas, y explora con diferentes materias y herramientas. Casi en todos los casos se parte desde la ironía o la mirada crítica, porque, ¿de qué otra forma podría interpretarse "Postal" (primer premio, fotoperformance), de Gabriel Chaile, cuando el artista posa junto a los granaderos frente a la Casa Histórica? ¿No es acaso un discurso sobre el arte el video de Yadanza en el que se barren pinturas, tratadas como residuos en el piso?
"Ensayo sobre la página", un trabajo de papel calado de Pablo Lehman, trabaja con una escritura superpuesta en dos capas en las que con mucha dificultad pueden leerse las palabras y lo que dicen; interesa, por sobre todo, la fisicalidad de ese texto antes que la identificación de su sentido. Esto plantea, una vez más, la pregunta sobre la interpretación del mismo arte. También sobre el ser o no ser de las cosas tratan los carbones de Nicolás Dalmasso, trabajados como si fueran jabones. Lorena Kaethner, en su alter ego, la pin up Marlok, se formula entrada en años y exige su "Retrospectiva", recordando en una fotografía el pasado lejano de los años mozos de la diva.
En este contexto, el pop latino se hace presente en la fotografía digital de Valeria Maggi, "Paisaje", en la que una vendedora de un kiosco de frutas parece soñar una vida mejor. "Antonias" de Daniel Elías, permite reflexionar sobre la copia y la repetición. Y en "Paisaje heredado", Mariano Vilela linkea con cierto romanticismo, en un impecable trabajo realizado con grafito y barniz sobre papel: una imagen del pasado, sin dudas, que el transcurso del tiempo ha dejado marcas. Otro encuentro, otra relación, pero en este caso con el barroco, se puede advertir en la fotografía "La inmigrante", de Marcos Quaglia.
Las llamadas fotos óleos (técnica que se utilizaba hace décadas con los familiares muertos) son todo un hallazgo en el díptico de Florencia Blanco: el espectador seguramente se sentirá atraído por estos retratos tan conocidos y vivos en el inconsciente colectivo. "La estructura fundamental", de Jorge Miño, excede en mucho el registro de lo urbano, y posibilita atender el lenguaje artístico en uno de sus elementos principales: la composición.
En cuanto a las pinturas, "Cielo azul" de Hernán Salamanco (esmalte sobre chapa) y los bordados de Leo Chiachio y Daniel Giannone se formulan programas artísticos distintos en cuanto a lo pictórico, pero unidos en el momento de rescatar el oficio, lo artesanal (véase pues de qué manera Salamanco trata a la chapa). Un punto destacable en este género también lo constituye "Licuadora", de Rodrigo Cañás, así como "Mesa de trabajo y reflexión", de Cristian Segura, otra "perla" de este salón. El Premio Itaú Cultural (cuya nueva convocatoria está en marcha) se ofrece como un panorama del arte contemporáneo en el que no están ausentes experiencias como la de Alfio Demestre, con "Figuras lumínicas geometrías giratorias", donde el receptor debe pulsar un botón para que el dispositivo funcione.